Hay un conflicto de fondo en los desfiles de hombre que se celebran estos días: el enfrentamiento entre la ropa, digamos, real, y aquella que se considera moda, más densa en creatividad y concepto. Hasta la presentación de Dior el pasado miércoles parecía ganar lo primero. Milán, el fin de semana pasado, estuvo despoblado de firmas importantes pero lleno de ropa pensada para equipar un armario, y el arranque de París, el martes por la tarde, fue por parecidos derroteros: abrió Auralee, una pequeña marca japonesa conocida por sus precios contenidos y su concisa manera de destilar tendencias en ropa que te puedes poner. El casting era masculino y femenino y variado en edades y etnias. La ropa, básicos del guardarropa masculino con cortes elegantes y despegados del cuerpo. Una propuesta fresca y simple sin otro gesto que el ocasional golpe de color: rojo señalética, amarillo vainilla o verde manzana.
